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Blog Tamar Cohem


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Perseguida por un asesino serial

Tamar Cohen 25-04-2018

Hay días de inspiración y otros en los que el cerebro se niega a funcionar. Está completamente apagado. Por más que tratas de escribir… son intentos fallidos, uno tras otro. Los minutos van corriendo y la página sigue en blanco. ¡Tensión total! Me siento como en una película de terror, yo debajo de la cama escuchando los pasos de Freddy Krueger subiendo por las escaleras, alcanzo a distinguir su camisa a rayas, está a pocos metros de mí, trato de contener la respiración pero es imposible, alza la cama y me clava su guante con cuchillas justo a mitad del pecho. Muero desangrada en la alfombra de mi cuarto. Por suerte la página en blanco no mata, solo te pone a temblar, te desequilibra, te lleva a odiarte, a pensar que no vales para nada y que no tienes masa cerebral, entre otras muchas cosas; pero eso no es nada comparado con morir asesinada por un asesino serial. Para estos días de fatiga mental, la cabeza debería de tener un compartimento secreto donde poder depositarle una moneda, como los parquímetros. Cinco pesos por media hora de creatividad, diez por una hora, veinte por dos horas, y así. La vida de los escritores sería más sencilla. Al menos esta mañana la hubiera disfrutado más. Desde que empecé con esto de la página web, escribir el blog ha sido un ejercicio que me tiene fascinada, casi todos los escribo de volada, han sido ocurrentes y divertidos, creo yo. Pero hoy, llevo horas tratando de definir qué es lo que quiero decir. Si hablar sobre los protagonistas de Me quiero Independizar, o de la presentación privada del libro, o de la película que vi el viernes sobre el comportamiento de los animales en la tierra, o de que terminé la segunda temporada de Casa de Papel; temas no faltan, el problema es que mi cabeza está como adormilada, nada le gusta. Y así no se puede. En fin, que ya superé las 300 palabras requeridas para el blog, así que me despido esperando que mañana sea un mejor día. No quisiera que Freddy Krueger se aparezca en mi estudio. Podría ser real, y ahí sí queridos lectores, no sabrían nunca más de mí.

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