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Blog Tamar Cohem


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Maldito gato negro

Tamar Cohen 26-09-2018

Entro a casa de mis papás. Él se está cortando las uñas en el lavabo y mi mamá me dice: ¿Sabes que si una embarazada pisa una uña pierde al bebé? No puedo evitar reírme. No estoy embarazada. Pero le agradezco el comentario porque ya tengo tema para mi blog. Crecí rodeada de supersticiones. No te cortes las uñas de noche, no pases por debajo de una escalera, no des el primer paso con el pie izquierdo al subir al avión, no pases el salero de mano en mano, toca madera cuando estén hablando de alguna tragedia para que no te suceda, jálale la oreja hacia abajo a la persona que estornuda cuando hablan de muertos o cuando estén en un velorio, no vaya a ser que se quiera ir con el muerto, cruza los dedos, lleva una manita o algo azul a una fiesta para evitar el mal de ojo, no abras el paraguas bajo el techo, no veas un gato negro, y la lista podría continuar. De chica creía ciegamente en todas. Después lo comprobé al ver un gato negro en el camión de regreso de la secundaria, tenía 13, llegué a la casa, sonó el teléfono y mi novio me cortó. Me destrozó el corazón. Maldito gato negro. Pero más tarde vino la revelación. M explicaron, no estoy segura si fue mi papá, que las uñas no se cortan de noche porque hay menos luz y existe el riesgo de que te lastimes. Sentí que toda mi vida era una mentira. No quise indagar más en las otras supersticiones y dejé de creer en ellas. La única que aún practico es quizá la más absurda de todas. Pero no puedo evitarlo. Me da un miedo terrible dejar de hacerlo. ¿Puedes imaginar cual es?

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