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Blog Tamar Cohem


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Las peripecias de tener un perro

Tamar Cohen 15-05-2019

¡No! Emma, le dice el Barón a nuestra perra cada que intenta subirse a los sillones, cuando raspa con sus uñas la puerta de madera, o mientras corre para atrapar un pájaro en el jardín y levanta el pasto que con mucha dedicación los jardineros han cuidado. Emma es un desastre. Sí, pero también es la alegría de la casa. Llegó hace dos años, la encontramos en un sitio en internet, había sido rescatada de la calle hacía muy poco, fui a conocerla con mis hijos y de inmediato nos conquistó su vivacidad. En cuanto la trajimos a la casa, nuestra labrador Mía, quien estaba muy desanimada, revivió. Verlas a las dos recorrer el jardín, saltar, morderse, gruñir, jugar, era un gran regalo. Intenté educarla, traje un entrenador y me propuse que esta vez, sí sería una mamá estricta, Emma tenía que saber que yo era quien tenía el control. Ja, qué buen chiste. El caso es que hace unas semanas entré a casa y la descubrí mordiendo el sillón de la sala del estudio, la que se ve justo al entrar a la casa. Terror, pánico, ansiedad, angustia, pesadilla, de nuevo terror. El Barón nos va a matar a todos, pero antes, va a regalar a Emma. La regañé como nunca y luego tapé el incidente con un cojín. Tenía que pensar. Mi amiga V me sugirió hablar a la mueblería. Tardaban meses en conseguirme la tela. De nuevo terror. V me dio el teléfono de los mejores tapiceros. Tenían que llevarse el sillón completo y regresarlo en un par de días. Así que esperé a que el Barón se fuera de viaje, ese mismo día lo recogieron y lo devolvieron como nuevo. El Barón regresa hoy. Va a enterarse de todo a través del blog. Yo digo que merezco un abrazo por haber resuelto todo sin su ayuda. ¿Verdad, amor?

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