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Blog Tamar Cohem


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Gracias Volaris

Tamar Cohen 29-05-2019

Para A.

La vida es más divertida cuando te suceden cosas. Y no me refiero a eventos memorables como ganar el premio mayor de la lotería. Hablo de esas circunstancias que en su momento sacan lo peor de ti, pero que horas o días después, y con un puñado de humor, las cuentas provocando carcajadas a un grupo exigente de personas. Mi amigo A voló a Tijuana este fin de semana por Volaris. Si el vuelo hubiera salido a tiempo, si no lo hubieran sobrevendido, si el trato hacia los pasajeros hubiera sido el adecuado, entre otras setecientas cosas, la anécdota se hubiera resumido en un aburrido renglón: Volé por Volaris a Tijuana. Y obvio, ni siquiera habría salido a colación en la cena de los cuates del viernes. ¿Quién desea oír sobre experiencias monótonas? Ya suficiente tiene la vida de rutinaria para además echar a perder una reunión con boberías. Por suerte, a mi amigo le sucedieron cosas, sobrevendieron el vuelo, perdió su reservación y su lugar en la fila, le gritó a sus hijas en frente de una mujer oriental formada detrás de él, las hijas volaron sin padre, la maleta se perdió durante un lapso de tiempo estresante, tomó el monorriel para cambiar de terminal y poder viajar en Aeroméxico, al llegar se le atravesó un individuo a la fila que iba a pagar sobrepeso, los minutos avanzaron y perdió el vuelo, de vuelta al monorriel, al trato con Volaris, al gentío, a la injusticia, a toparse con la misma mujer oriental, antes de abordar se entera que trae la visa de su hija y no la dejan cruzar la frontera, las hijas varadas en un limbo del aeropuerto, no las dejan ni salir a pasear por Tijuana, les ofrecen un asiento en el piso a falta de sillas. Ya lo sé, me falta simpatía para contar la anécdota. A mi amigo le sobra. Solo me resta darle las gracias a Volaris por habernos hecho pasar una velada tan inolvidable. De todo corazón, gracias Volaris.

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