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Blog Tamar Cohem


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El terror nocturno se mudó de habitación

Tamar Cohen 03-07-2019

En el 2011 se publicó un libro de cuentos sobre maternidad en el que tuve el placer de colaborar. Recuerdo que una desconocida se había acercado con otra de las autoras para decirle que había leído uno de mis cuentos y que esperaba que estuviera yendo a terapia psicológica. El comentario me causó mucha gracia. Sin embargo, ahora que releo algunos de mis primeros cuentos entiendo la preocupación de esa lectora. De verdad que sí tenía una mente bien perturbada. Solo espero que tantos años de terapia hayan servido para algo. Les dejo uno más a ver qué opinan:

Durante veinte años he sido presa del terror nocturno. Cada noche, como un hábito inquebrantable, apago la luz y huyo a velocidad de guepardo a refugiarme en mi santuario. Una vez ahí, bramo en silencio como único consuelo. De pequeña, intenté en vano colocarle un caparazón para alentar su paso y apurar el mío; opté también por aturdirlo, lanzando cual pulpo, chorros de tinta negra en forma de nubes. Una cortina de humo nos distanciaba y yo, que debía aprovechar el instante para escapar, me ocupaba en toser. Una noche hasta probé el mimetismo, me vestí con una pijama verde exactamente del mismo tono de mis sábanas y me quedé quieta toda la noche, amanecí con los músculos atrofiados y un olor a cilantro impregnado en mi almohada. Noche tras noche se aparecía hambriento en mi habitación, masticaba mis huesos, exprimía mis articulaciones y destrozaba mis pantuflas. Jamás logré vencerlo. Y sin embargo hoy, veinte años después…ha desaparecido. Ya no huelo sus heces, su aguijón venenoso, no palpo su piel escamosa ni su estrecho hocico, ya no me rozan sus pezuñas debajo de la cobija. El enemigo se transformó en polvo. De pronto escucho un grito que proviene del cuarto de mi hijo. Sonrío aliviada. El terror nocturno se mudó de habitación.

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