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Blog Tamar Cohem


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El pudor y la escritura

Tamar Cohen 17-04-2018

Cada año mis papás, mis tres hermanas y yo viajamos a la feria del libro en Guadalajara. Son días espectaculares, los seis nos reímos a carcajadas, compramos libros a lo bestia, cenamos delicioso, disfrutamos de un buen vino y jugamos amigo secreto. La última noche nos entregamos los regalos, los cuales, obvio, son libros. Este último año mi hermana K fue mi amiga secreta y me dio un libro de cocina de un chef israelí. Todo se ve delicioso, pero solo he cocinado unas berenjenas con trigo y unos limones amarillos encurtidos. Cada viaje aprendo algo nuevo de mis hermanas, yo soy la más pequeña de las cuatro y digamos que en algunos sentidos la más diferente. Por ejemplo, soy la única que puede quitarse la ropa y ponerse la piyama sin tener que hacer malabarismo y medio con tal de que la persona de enfrente no logre ver ni siquiera un centímetro del seno descubierto. Y eso por no decir otras cosas que ya sería demasiado ventilar en un blog. Pero entonces yo me pregunto, ¿por qué son tan pudorosas? ¿Acaso no crecimos en una casa de puras mujeres? ¿Cómo hacíamos cuando viajábamos?, había que compartir un solo baño, el mismo que compartimos ahora en el hotel de Guadalajara. ¿Qué no nos educaron los mismos papás? En fin, pues resulta que no hay mucho que responder. El pudor es como la fe a un ente superior, o se tiene o no se tiene. Y yo no tengo ni un pelo de las dos. Hoy leí en un artículo de El País que decía: Para el escritor el pudor no es una opción. Porque si tienes miedo a exponerte es que no quieres exponerte en realidad. Lo único que desea el escritor es contarse. Y creo que tiene toda la razón. Soy escritora porque no tengo pudor. O al revés, porque no soy pudorosa, soy escritora.

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