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Blog Tamar Cohem


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Cuerpo amorfo

Tamar Cohen 22-05-2019

Me duele desde la punta del dedo chiquito del pie hasta el cráneo. Siento contraídos músculos que no sabía que existían. Me arden los ojos y solo quiero recostar la cabeza en la almohada y dormitar como oso en hibernación. Esto es el resultado de siete horas de brincos, bailes y sacudidas de cabello. 420 minutos de no parar de cantar ni abandonar la pista. Y es que no fue mi culpa, si no del DJ que contratamos para la fiesta de 50 del Barón. Me dan ganas de llamarle y pedirle que me pague la consulta del quiropráctico. Mínimo, diría yo. Unas cosas por otras. Yo bailé su música con toda la energía posible. Ahora le toca a él dar de su parte y contribuir a que mi cuerpo regrese a la normalidad. Quizá también fue culpa del barman y de los gins de frutos rojos que preparó. O de los invitados, porque hay celebraciones que no prenden. Te la pasas bien pero no le entregas tu alma a la fiesta. Así que al otro día caminas normal y no como si hubieras corrido un maratón. Sí, ellos también tienen la culpa. Su argumento es que nos quieren mucho y por eso las muestras de cariño a través del baile y las risas. Pero yo tengo mis dudas. Para mí que aprovecharon la barra libre de alcohol, los tacos, las quesadillas, los helados, las ensaladas y les valió un pepino si en los días consecuentes mi cuerpo se convertía en una figura de cera amorfa. Se me ocurre poner una alcancía y que cada quien coopere con lo que crea proporcional a cómo se divirtió. Buenísima idea. Seguro que con eso tengo para pagar el doctor, los relajantes musculares y el sobrante, lo ahorro para la fiesta de 60 años. Solo espero que en 10 años mi cuerpo ya se haya recuperado.

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