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Blog Tamar Cohem


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Corazón Salvaje

Tamar Cohen 19-06-2019

La muerte de Edith González me dolió en un espacio de mi cuerpo que creía perdido. Algo similar a cuando haces mucho ejercicio y al otro día te duelen músculos que no sabías que existían. Crecí viendo telenovelas, durante la infancia fueron Los ricos también lloran y Mundo de juguete. De hecho tenía un poster de Rogelio Guerra colgado en mi cuarto. Yo de 7 años soñando con un hombre de 43. De adolescente continué con mi educación telenovelesca: Tú o nadie y Alcanzar una estrella. Entonces entré a estudiar a la Universidad y algo en mí cambio. ¿Maduré? No, todo lo contrario. Consideré que las telenovelas eran parte vital para mi desarrollo intelectual. Me da vergüenza confesarlo, pero en el examen de admisión de la Ibero, en uno de los incisos debías poner 3 revistas que acostumbraras leer. Obvio escribí Tv y novelas. De verdad no entiendo cómo me aceptaron. Quizá por pecar de honesta. El año que me casé salió Corazón Salvaje. La mejor telenovela y la última que vi. Edith González actuaba con una inteligencia emocional que era de admirar. No era un típico títere de esos dramas baratos. Ella era distinta, auténtica. Ni se diga de Eduardo Palomo. Yo estaba completamente enamorada de él. Sí, recién casada y fantaseando con que me lo topaba por la calle y caía desmayada en sus brazos. Tres años después me embaracé. Compré la telenovela en dvd´s, y la tenía lista para cuando empezara el trabajo de parto. Seguro que las contracciones ni se sentirían viendo besarse a los protagonistas. Al final enfermé de tifoidea, me provocaron el parto y los dvd´s fueron obsoletos. Siete años más tarde murió Palomo, así de repente. Y ahora tocó el turno a Edith. Durante muchos años olvidé mi afición por las telenovelas. Hoy su muerte me la recuerda. Gracias, Edith, por ser parte de mi vida. Descansa en paz.

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