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Blog Tamar Cohem


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Comida familiar

Tamar Cohen 09-04-2019

Las comidas de los lunes en casa de mis papás son lo mejor. Mi mamá se preocupa por satisfacer el enorme apetito de sus nietos y como buena abuela judía prepara sus mejores manjares. Mis hijos, en agradecimiento, la molestan argumentando que dios no existe y confesándole que comieron tocino, chorizo, jamón serrano o cualquier derivado del cerdo. Mi mamá no se ríe, pero estoy segura que por dentro sí disfruta de la plática, y quizá hasta recuerde sus buenas épocas cuando de pequeña probaba el chicharrón y los tacos de cochinita pibil. Yo, sinceramente, nunca entendí por qué dejó de hacerlo. Mi papá, por el contrario, coincide más con nuestra ideología, así que disfruta de cada ocurrencia que sueltan mis hijos. El lunes, por ejemplo, mi hijo A nos contaba que estaba platicando con una amiga de la universidad sobre su fascinación por la caca y su visita al proctólogo. Una tercera persona que lo escuchaba le preguntó: ¿Qué es proctólogo? A lo que mi hijo muy seriamente respondió: Es un Chamán que predice el futuro. A mi papá le encantó la historia. A mi también, de hecho de ahí salió la idea de este blog. A mi mamá no tanto, prefiere que no se toquen esos temas mientras comemos. Típico. Aunque lo cierto es que para todos fue difícil no imaginar a esta persona años después con un problema de índole anal, sabiendo que tendría que ir a ver a un Chamán para curarse. Es imposible no reírse. Sí, las comidas de los lunes son terapéuticas. Mi papá se olvida por dos horas de sus dolores crónicos de estómago, mi mamá no tiene tiempo de pensar en ella porque nadie la deja hablar, mis hijos se mueren de la risa y yo no puedo más que sentirme afortunada por tener este espacio todas las semanas.

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