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Blog Tamar Cohem


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Cita a ciegas

Tamar Cohen 13-03-2019

Entro a la librería, veo una portada que me llama la atención, leo el primer párrafo o quizá solo el primer renglón. Si me gusta me lo llevo. De lo contrario lo regreso al estante, o en el peor de los casos, lo escondo debajo de los pesados libros de arte. Ya sé que mi decisión al comprar un libro es demasiado severa, pero me ha funcionado en la mayoría de los casos. A menos, por supuesto, que vaya especialmente por uno que me hayan recomendado. Mi hermana M, por ejemplo, hace lo contrario. Lee el último párrafo, si la atrapa, se lo lleva (y si no también, jaja, es que como dice la expresión, lee hasta por los codos) Me gustaría pensar que mis lectores son un poco más flexibles, que se animan a leer un capítulo entero antes de desechar la novela, o que son capaces de leer las 300 palabras del blog de un jalón sin que su mente divague en el alza del precio del aguacate. Pero la verdad es que el inicio de un texto y el final es esencial, como autora y lectora lo sé. Hay que trabajarlo mucho, definir los detalles, escoger las palabras precisas, los puntos y comas. Es como la primera impresión de tu cita a ciegas: Un aliento a podrido, la falta de un botón, el pelo grasoso, los vellos en la oreja. No hay más que decir. Debut y despedida. A menos, claro, que los vellos en la oreja, la torpeza al vestirse, el pelo de grasa de gallina y el aliento añejo te parezcan sexys. Entonces lo más seguro es que terminen en un cuarto de hotel. En lenguaje literario, el libro te sedujo, lo compraste y te sentaste en el parque a leerlo acompañada del más espectacular de los atardeceres. Ahora solo espero que donde te encuentres, ya sea en el parque, o de preferencia en el hotel, hayas disfrutado de mi blog.

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