Background Menú

Libros

Blog Tamar Cohem


Políticamente Incorrecto

12-02-2020

Hace diez años se publicó mi primer libro: Papás bajo la lupa. Tenía 37 años. Aún no me diagnosticaban la epilepsia ni la bipolaridad. Estudiaba la Maestría en Casa Lamm. Tenía dos perras que ya murieron, el pelo lacio y vivía en un departamento. Muchas cosas han cambiado desde ese entonces: se publicaron cinco libros más de mi autoría y otros en donde colaboro con cuentos, me cambié a una casa con jardín el cual está destrozado por mis dos perras cachorras y tengo el pelo chino. ¿El pelo chino? Así es. No tengo idea de cómo se transformó mi hermoso pelo lacio a esto que rodea mi cabeza, lo cual ni siquiera puedo llamar chino. Cuando me preguntan digo que es cosa de las hormonas, ja, como si éstas tuvieran súper poderes. En fin, el caso es que hoy existen muchas frases que ya son políticamente incorrectas las cuales aparecen en la versión original de Papás bajo la lupa, libro que pronto saldrá en una nueva edición en una editorial distinta. Mientras lo releía, casi me tiro por la ventana cuando Obituario le dice a Azafrán que las mujeres son muuuy complicadas y cuando le recrimina que está en su mes, ahí cuando ya no estés y se te quite ese humor me hablas, agrega en un tono de superioridad. ¿Pero en qué estaba pensando? ¿Acaso quería fomentar en los niños la visión de una sociedad patriarcal con esos comentarios machistas? Por suerte mi prima que es Directora del Departamento de Género en la Universidad de Haifa ni cuenta se dio o ni lo leyó y me mintió al decirme que sí. No importa, la nueva versión está actualizada y esos diálogos no aparecen. Les pido a todos mis lectores que hayan comprado la versión anterior que tomen un marcador negro de tinta indeleble y que con una energía brutal hagan el favor de tachar esas líneas. Gracias y feliz día.

 

 




Blog Tamar Cohem


Un abrazo

05-02-2020

Dice el escritor israelí Etgar Keret que al leer a Kafka y darse cuenta que este estaba mucho más fregado que él, lo que más deseaba era darle un abrazo. En su última visita a México, Keret se sorprendió de la cantidad de lectores que lo abrazaban y se lo comentó a su editor: En México acostumbran abrazar mucho, le dijo. Su editor le contestó que no era cierto, que solo lo abrazaban a él. Te leen y creen que necesitas un abrazo. Lo escuché contar esta anécdota en el Hay festival de Cartagena, al terminar la plática corrí a formarme para que me firmara su nuevo libro y mientras hacía fila planeaba lo que le diría. Imagina que tienes máximo 3 minutos para decirle a uno de tus escritores favoritos lo que sus cuentos te provocan, la cantidad de veces que te han desbloqueado cuando te enfrentas a una página en blanco, lo que admiras su sencillez, su sentido del humor negro, su honestidad e irreverencia. O tal vez contarle que lo estoy enseñando en el Diplomado y que les ha gustado mucho a las alumnas, que quisiera invitarlo a mi casa la próxima vez que venga a México y como sé que es vegetariano me quedo pensando en el menú, una ensalada de lentejas, camote al horno y… Quedan dos personas antes que yo y aún no me decido. Me encantaría decirle lo de irreverente pero no tengo la menor idea de cómo decirlo en hebreo y no tengo internet para buscarlo. Podría hacerlo en inglés, pero pierdo puntos, debo hacerlo en su lengua natal. Es mi turno, le sonrío y le suelto un trillado: Te admiro ¿Te admiro? Me quiero ahorcar, no podía haber encontrado una frase más corriente. Tengo que hacer algo para compensarlo, así que antes de la foto le pido un abrazo y me lo da. ¡Nooo! Creo que la regué. Ahora va a pensar que creo que está más fregado que yo.

 

 

 




Blog Tamar Cohem


Dolor discogénico.

29-01-2020

El sábado pasado me lastimé la espalda sirviéndole chilaquiles al hijo de Shimon Peres. Desde que sucedió pensé que sería un buen inicio de blog. Lo que no imaginé es todo lo que vendría después. Una semana entera de estar en cama, acostada con almohadas en la espalda, debajo de las rodillas, cojín eléctrico, medicina, inyección, saliendo solo a la fisioterapia, comiendo, desayunando y cenando en cama. Hasta una visita al ortopedista que me dejó llorando porque mis neuronas solo se clavaron en una única palabra: daño degenerativo. Siempre he pensado que cada persona carga con un paquete de malestares en la vida, me refiero a la salud, hay quien sufre de diabetes, migrañas, problemas de corazón, etc. Yo tengo epilepsia, bipolaridad e hipotiroidismo. Me tomó mi tiempo aceptarlo, pero venga, bienvenidos a mi cuerpo. Ah, pero resulta que no es suficiente. Hoy fui al neurocirujano y resulta que tengo una cosa que se llama dolor discogénico. Es un desgaste del disco, no hay cura y las crisis son exactamente como la que me dio, me darán cada año o mes, varía. Me voy a sacar una resonancia y me recomendó una fisioterapia especial en donde me enseñarán cómo tener una mejor calidad de vida. Ya sé que no es el fin de mundo y que hay millones de cosas peores, no soy imbécil. Sé tomar proporción de las cosas. Pero hubiera preferido que el dr me dijera: no tienes absolutamente nada. Tómate una aspirina y listo. Aunque obvio habría salido enfurecida. ¿Cómo que no tengo nada, imbécil? ¿Y ese dolor que me tenía inmovilizada? ¿Crees que me lo inventé, que por ser escritora tengo el poder de inventarme dolencias en mi cabeza? Uff, sí que soy una persona complicada.




Blog Tamar Cohem


Un momento robado

22-01-2020

Mi hijo A entró a un concurso de foto organizado por la librería Gandhi y Sexto Piso. Los diez premiados ganarían un viaje al Hay festival de Colombia a ver al escritor Etgar Keret. Mi hijo y yo amamos a Keret. La espera fue larga pero al fin llegó el día esperado. El viernes 17 contactarían personalmente a los ganadores. Mi hijo dormía plácidamente mientras yo rondaba la casa como loba en celo esperando que despertara y me dijera que le habían llamado. Me asomé varias veces a su cuarto, lo hice con cuidado aunque lo que hubiera deseado era azotar la puerta, abrir las cortinas de un tirón, aventarle en la cara un vaso de agua helada y ponerme a saltar en la cama hasta que abra sus hermosos y tiernos ojos. Pero obvio no lo hice. Conociéndolo ya me hubiera acusado ante las autoridades de maltrato. ¡Qué exagerado! El caso es que al fin despertó, se fijó en su celular y meneó la cabeza. No perdamos las esperanzas, le dije, aún es temprano. Y se fue con su novia. Dos horas después me habló para decirme que ganó, que recibió un mail desde las 10 de la mañana y que no lo había visto. Me enfurecí. ¿Sabes el momento que nos perdimos? ¿Más específicamente que me robaste? Los dos en tu cuarto, en tu cama, enciendes el celular, ves el mail, gritas, yo grito, nos abrazamos, brincamos en la cama, cantamos, nos tiramos boca arriba, reímos…En fin, que una vez que se me pasó el coraje lo felicité a secas. Aunque la verdad, no se lo merecía, debí haberle gritado: ¡me vale tu triunfo, así que métetelo por ya sabes donde!

 

 




Blog Tamar Cohem


La mejor escena de faje

15-01-2020

Hoy me dieron uno de los mejores elogios que he recibido en mi trayectoria como escritora: “Tú escribiste una de las mejores escenas de faje que existen en la literatura para adolescentes” Así de directo y sorpresivo fue el comentario. Y yo, con mi sobrada madurez, sonreí muy propiamente y lo agradecí. ¡Wow! Ya imagino la lápida de mi tumba: “Se le recuerda por haber escrito la escena más cachonda para adolescentes” ¡Ja! Ni me preocupo de la bronca que se vaya a armar entre mis hijos porque seguro que no pasaría los cánones de ningún panteón judío. Si está prohibido poner Queen, mucho menos una lápida con referencias sexuales. A ver si un día nos modernizamos. Pero al menos ustedes, mis queridos lectores, ya lo saben. Obvio se refería a El año terrible y podría adivinar que es cuando la protagonista pierde su virginidad en la playa. Es importante hacer notar que el halago vino de una gran editora, de hecho fungió como uno de los jueces que votó por darme el Premio Gran Angular. Me despedí de ella en espera de un dictamen que pronto me dará sobre una novela. Me subí al auto y me le quedé sonriendo al espejo como una pendeja por 10 minutos. Cuando la mandíbula se me engarrotó junté los labios y arranqué. Esto es lo que pienso hacer: Llegar a casa, leer la renombrada escena y bien motivada salir corriendo en busca de un atuendo atrevido para sorprender al Barón en la noche. Mmm, creo que mejor lo dejamos sin el atuendo, la mayoría son demasiado incómodos y complicados para poner y quitar. En el alto de Insurgentes me detengo, el elogio no fue para Tamar, la esposa, si no para Tamar, la escritora, así que una mejor idea sería ir a pedir trabajo a una editorial especializada en materia erótico, por decirlo de una manera sutil. Exacto, eso haré. La sonrisa no se me quita en todo el día.




Blog Tamar Cohem


Un atardecer optimista

08-01-2020

El inicio de año es maravilloso. Los atardeceres se pintan de naranjas y rojos. El frío cala los huesos pero no importa porque eso te mantiene vivo y alerta. El montón de papeles que dejaste sin limpiar en diciembre y que estorbaban tu escritorio ahora lo hacen ver más interesante, no es que seas desorganizada, al contrario, eres una persona culta. El tirrín tirrín de la alarma que te rompía el tímpano por las mañanas, hoy es una melodía que se confunde con el trinar de los pájaros en el campo, es más, te gusta tanto que la dejas sonar por un minuto. ¡Qué hermoso comenzar el día así! Preparas el primer menú vegano de la semana, te aprendes de memoria tres recetarios completos y te suscribes a todas las cuentas de Instagram veganas que encuentras. ¡Vivan las lentejas, la cebada perla y el apio! ¿A cuántos cursos y clases te puedes inscribir? Mínimo diez, uno por dedo, mindfulness aunque no tengas idea de qué sea, aqua aeróbics para mayores de 60 años (no hay para mi edad pero le rogué que me aceptaran), yoga por la noche a pesar de que odie salir de mi casa a esa hora, clases de piano, de lectura rápida, cursos para aprender a picar cebolla sin llorar… Enero está programado para intentar cosas nuevas y soltarte el pelo (como diría Gloria Trevi), ¿y sabes por qué? Porque es un mes OPTIMISTA. Enero me recuerda al personaje de Nairobi en Casa de Papel, entusiasta y enérgico. El resto de los meses son como Berlín, impredecibles, críticos, atrevidos, violentos, locos y enfermos. Por suerte entre ellos hay días y semanas tan cálidos, amorosos y seductores como el Profesor. Sí, lo sé. He visto demasiadas veces la serie.¿Y? ¿Algún problema? Acuérdate que en enero no hay reclamos.




Blog Tamar Cohem


¿Y mi pedazo de queso?

11-12-2019

Se acerca el fin de año e inevitablemente mi mente se pone a hacer una lista de los aspectos positivos y negativos del 2019. Es como si mi cerebro fuera una rata más y formara parte de la caja de Skinner. Ellas presionan la palanca y obtienen un delicioso queso. Yo escucho ¡Diciembre! Y me pongo a hacer listas. Así que ahí van: Mejores libros: Maus de Art Spiegelman, El Salvaje de Guillermo Arriaga, Los ingrávidos de Valeria Luiselli y Qué día más bueno: Tomar LSD en microdosis me cambió la vida de Ayelet Waldman. La noticia más triste, sin duda, la muerte de Camilo Sesto. Obra de teatro: Mi proctólogo me prohibió el strudel de manzana. Las mejores películas: Mi niña, de la directora y guionista francesa Lisa Azuelos. Sencillamente maravillosa. Y más que obvio Nace una estrella con Bradley Cooper y Lady Gaga. Esto nos trae al mejor concierto del año Lady Gaga y mejor canción: Shallow. Peor oso: ver a Amalia Andrade en el Aeropuerto de Guadalajara, correr, gritarle que soy su fanbipolardepresivayepiléptica, así todo sin dejar espacios. Platillo ganador: El mole del Pujol de 100 ingredientes y 2 mil días de añejamiento. El reventón más prendido: La fiesta de 50 del Barón. Mis mayores retos y satisfacciones: Escribir el guión cinematográfico de El año terrible, ser maestra en el Diplomado de Literatura junto a mi querida amiga L y haber terminado la novela juvenil Abril es mucho más que un mes. Momento maniático: Las macabiadas. Mis peores vacaciones: Verano con un bajón emocional terrible. Un nuevo hábito: hacer una comida vegana al día. Los tlacoyos más ricos: Adamá. Pérdida más irreparable: Mía, nuestra labrador hermosa que nos trajo tantas alegrías. Mejor adquisición a la familia: Bobe, una cachorrita negra mezcla bóxer con Golden…. Ahora sí estoy lista, tres, dos uno, presiono la palanca…abro grande la boca…¿y mi pedazo de queso?




Blog Tamar Cohem


Amigo secreto

04-12-2019

A unos minutos de apagar la luz le pido a mi hermana M que me de un título para el blog que no sea cursi. Desde el baño, mientras mi hermana S reza y pide perdón por todos los pecados cometidos en el día, M me grita: ¡Amigo secreto! No sé por qué le hago caso. Es lo más cursi que he escuchado en mi vida. Pero el tiempo juega en mi contra, ya son las 12pm, los pies no me dan, y además se la debo por no dejarme enloquecer al ver que había olvidado mi celular en el taxi. Es una tradición familiar ir a la FIL. Mis papás y las cuatro hermanas (aunque siempre falte una). Compramos libros, entramos a las conferencias, compramos libros, jugamos amigo secreto, compramos libros, lloramos de la risa, nos topamos con autores que admiramos, compramos libros y seguimos comprando. Voy a hablar por mí, aunque diría que le pasa a todos los miembros de la familia. Claro que leo gran parte de ellos durante el año, pero no te niego que muchos siguen estando en mi biblioteca, en la repisa de libros pendientes por leer. Pero eso no es razón para dejar de comprar en la próxima FIL. Es parte del chiste. A decir verdad la FIL es solo el pretexto para convivir los seis o los cinco. Para dormir con mis hermanas y reírnos de nuestros hábitos nocturnos y matutinos, para recordar anécdotas viejas, para ver a mis papás perderse en una editorial por horas, para tomar vino y brindar por la vida y la salud, y por esos momentos tan valiosos que son lo único que se necesita para continuar con la cabeza erguida en un mundo con tanta injusticia y violencia. Estoy de vuelta en casa. Siento que tomé una bocanada gigantesca de aire. Solo espero me dure hasta el próximo año. Te extrañamos Karen.




Blog Tamar Cohem


¡Soy mejor que una caja de estampas!

27-11-2019

¿Se imaginan ser más importante que una caja de estampas de futbol americano? Nunca imaginé que decir eso me llenaría de orgullo. Pero así es. La historia es esta: En agosto comencé a enseñar un Diplomado de Literatura. Se trataba de mi primera experiencia como docente a adultos. El último tema fue Literatura Infantil y les dejé leer Cinco modos para deshacerme de mi hermanito. Claro que cuando lo hice no me di cuenta de lo que estaba haciendo. Me estaba exponiendo y arriesgando a que las alumnas despotricaran en clase sobre lo oscuro de mi proceso creativo, sobre mi salvajez para escribir un libro de ese tipo a niños “inofensivos”, y que además, me cuestionaran si acaso no me siento culpable de fomentar la rivalidad entre hermanos, así como otras muchísimas cosas más que nunca se me atravesaron por la cabeza. El resultado fue hermoso aunque no sé si lo volvería a hacer. Prefiero dejarles leer La peor señora del mundo y justificar a Hinojosa, que defenderme a mí misma. Recibí un mensaje de la dulce voz de la hija de una de mis alumnas diciendo cómo el libro se había vuelto su favorito. Casi todas las alumnas contaron lo mucho que lo disfrutaron, ellas y sus hijos. Y enseguida llegó la cereza del pastel: Una alumna con cuatro hijos, el mayor de diez estaba de excursión (creo), la mamá iba leyendo un capítulo cada noche. Para cuando llegó el hijo mayor le tenían una lista de sorpresas: algo que no recuerdo, la caja de estampas de americano y, en sus palabras, “la mejor sorpresa de todas”: Cinco modos para deshacerme de mi hermanito. Estaba a punto de llorar en plena clase, pero apreté los dientes y me controlé. ¡Me siento tan importante! ¡Soy mejor que una caja de estampas!




Blog Tamar Cohem


Ése está leyendo mi libro

20-11-2019

Estoy a punto de mandar mi novela a la editorial. Aún no defino el título ni me decido por qué editorial escoger. Pero prácticamente el proceso de escritura está terminado. No recuerdo exacto cuándo empecé a escribirla, pero calculo que fue hace alrededor de dos años con alguna que otra interrupción. Terminar una novela siempre implica una enorme satisfacción pero también conlleva un proceso de luto. Es momento de despedirme de Abril, la protagonista, de confiar que así como ella conquistó mi corazón también lo hará con el de los lectores. (Aunque primero tenga que pasar por la prueba de fuego y convencer a los editores que vale la pena ser publicada). Me siento fascinada al ver en esas 128 páginas horas y horas de trabajo, entrega, pasión, risas y reflexión. Al mismo tiempo siento un agujero en la boca del estómago. Estoy segura que no es hambre ni tampoco el principio de un ataque de pánico. Es simplemente esa sensación que da al despedirte de un buen amigo que sabes que no verás por mucho tiempo. Un amigo que vas a presentarle a tus mejores amigos. Un amigo que lo más seguro es que se vuelva más cercano de un montón de desconocidos. ¿Me preguntas si me da celos? La verdad sí. ¿O crees que cuando veo a alguien con mi libro en sus manos lo primero que pienso es wow, qué increíble? Vamos a tomar un café. ¡No! A veces siento ganas de arrancarle la novela y gritarle en plena librería: ¡Hey! ¡Ése que está leyendo mi libro! ¡Es mío! ¡Ni creas que pagando los 200 pesos que cuesta puedes adueñarte de él! Pero no puedo, en primera porque seguro terminaría pasando una noche en la cárcel si no es que en el hospital psiquiátrico. Y segundo porque esa es la realidad de los escritores. Tenemos que soltar, aunque duela un chingo.




Blog Tamar Cohem


Un apabullante aplauso

13-11-2019

Hace algunos años fui con mi hijo A y su querido amigo G a la Ciudad de las Ideas. Reconozco que lo mío no son las multitudes ni las pláticas consecutivas de 20 minutos en donde se cambia de ponente, tema e idioma. Desde el primer día me sentía como si estuviera en medio del océano tragando toneladas de agua salada, mi cabeza salía a respirar unos segundos entre ponencia y ponencia y terminaba agotada. En una de estas innumerables conferencias salieron unas mujeres vestidas en bikini brasileño a entregarles a los ponentes unos regalos de Victoria Secret ¡BUM! Mis neuronas explotaron y la temperatura de mi cuerpo comenzó a elevarse hasta llegar a punto de ebullición. En las pantallas se veían esos traseros redondos y firmes mientras yo leía en los asientos el lema del evento: Cambiemos el mundo. ¿Cómo carajos lo pensamos cambiar si rebajamos a la mujer a una condición de objeto? Mi amiga R estaba igual de furiosa así que empezamos a chatearnos. Había que hacer algo, pero…¿qué? ¿Incendiar el auditorio? ¿Gritar que había una bomba? Demasiado riesgoso. Llegó el turno de hacer preguntas y se formaron dos hileras en los pasillos laterales. No entiendo de dónde saqué las fuerzas para pararme. Las piernas me temblaban. Mi amiga me guiaba a través del celular, se necesitaba un gran apoyo para hablar ante cinco mil personas. Llegó mi turno. Tomé el micrófono con la mano en estado de parkinson y denuncié la ofensa hacia la mujer, la objetivización, los efectos que tiene mostrar esos cuerpos en una sociedad con tantos trastornos alimenticios y un montón de cosas más. Recibí un aplauso apabullante. Genial. De ahí me llevaron con los paramédicos. Me dio una contractura en la boca del estómago. No sabía que la valentía guarda una relación directa con la salud. No volví a la Ciudad de las Ideas. Me contaron que ya no hay preguntas del público. ¿Seré yo la culpable?




Blog Tamar Cohem


Tricotilomanía

06-11-2019

Desde que tengo memoria soy una persona ansiosa. En innumerables fotos de mi infancia salgo encorvada y sumergida en un estudio minucioso de las puntas del cabello, en cuanto encontraba una con orzuela (de hecho acabo de descubrir que no se dice ursuela), la abría hasta que la parte más débil caía entre mis dedos. En la escuela sobrevivía las clases mordiéndome las uñas, los pellejos y la cutícula hasta sacarme sangre y crear unas costras de lo más apetitosas. Más tarde comencé a olerme los antebrazos, el olor a limpio no tenía chiste, por eso disfrutaba más cuando habían pasado ya algunas horas después del baño. Si le preguntas a cualquier persona que estudió conmigo te van a decir que me recuerdan así, acariciándome el pelo, mordiéndome las uñas y oliéndome. Esa soy yo. Antes de casarme me dije que era momento de madurar así que me corté el pelo y de esa manera tan dramática le di la sentencia a muerte a la orzuela. Aunque claro, nunca vislumbré que mi ansiedad era mucho más inteligente y que se las ingeniaría de alguna u otra manera para seguir existiendo. Y así fue. Desde ese entonces y hasta ahora, me jalo el pelo con la mano como chango, escojo los que están quebradizos y los arranco de un tirón. Ni siquiera el miedo a quedarme calva ha logrado mantenerme quieta. Esta semana leí Bezoar, un cuento de Guadalupe Nettel en el que habla de una chava que se arranca el pelo. Aprendí que a ese tic se le llama Tricotilomanía. Me quedé en shock. Me pareció un nombre genial, como si fuera el de una secta, y confieso que me sentí afortunada de pertenecer a ella. La próxima vez que no me halle en este mundo, recordaré que no estoy sola, que soy una tricolómana más, y estoy segura que eso bastará para alegrarme el día.




Blog Tamar Cohem


¡Has creado un monstruo!

30-10-2019

Hace 17 años comencé a escribir. El primer libro que se publicó, después de tocar infinidad de puertas fue Papás bajo la lupa. Hace poco mi amiga L me recordó que en la presentación del libro mis papás se quejaban con L, mi maestra y quien pronto también se convirtió en mi amiga: Has creado un monstruo, le decían después de haber leído que la trama de la novela consistía en cómo dos niños enjuiciaban a sus padres. Después de ese vino Cinco modos para deshacerme de mi hermanito, un cuento que me publicaron gracias a que accedí a eliminar la parte en donde Bruno, el hermano mayor, ahoga en el fondo del mar a su hermanito Sebastián. ¡Uff, qué moralistas! El tercero fue El año terrible, el cual reconozco que mandé a concurso durante una etapa maníaca. Ganó pero yo perdí mi intimidad. Cuarto: Orfanato Lachina, Lenny es abandonado por sus papás en un Orfanato. Quinto: Me quiero Independizar, Tavo, a sus doce, está harto de tantas reglas y quiere salirse de casa. Sexto: Producciones Violeta: una niña que quiere curar la enfermedad de su prima a través de cumplirle un deseo. Un tema tabú. Al parecer sí hay un monstruo dentro de mí que espera salir en cada libro, como si quisiera reparar una infancia mal vivida, aunque debo reconocer que no puedo quejarme, crecí llena de amor…¿entonces?, ¿por qué escribo de esos temas? Porque estoy convencida de que la literatura infantil y juvenil debe tocar temas incómodos y necesarios ya que los niños son seres pensantes y merecen ser tratados con respeto. Eso significa nada de moralejas. Así que si por ahí se encuentran a mis papás, no vayan a creer que son culpables de mi escritura, no los vayan a querer ahorcar, quemar, apedrear o descuartizar…ya ven, apenas empiezo a escribir y ya me sale lo sádico.




Blog Tamar Cohem


¿Otra boda? ¡Nooo!

23-10-2019

Las bodas se han convertido en una de mis peores pesadilla. No sé por qué tanta exigencia cuando uno es feliz en pants y pelo suelto. Ah, pero no, parece que lo hacen por joder. Ve al salón, péinate de chongo con diez mil pasadores, maquíllate los ojos aunque te lloren toda la noche, hazte manicure y cambio de barniz en las uñas de los pies, depílate las axilas, ponte ese vestido largo y ajustado que hace que broten con gran naturalidad las lonjas de tu cuerpo, mismas que podrías evitar poniéndote una faja que te comprime los huesos y te asfixia, pero yo no soy de fajas, el sábado me la puse y antes de llegar a la boda me la quité en el Uber y la guardé en mi milimétrica bolsa de noche, la verdad no sé cómo cupo. Y luego está el tema de los tacones, ¿quién carajos los inventó?, seguro que un antisemita, misógino, integrante del ku klux klan e ignorante de mierda. Y lo peor es que los uso, ¿por qué no me rebelo ante tal tortura?, ¿por qué si me giran las neuronas no me libero y me pongo unas sandalias elegantes pero sin tacón? Lo he hecho, pero siempre termino sintiéndome como chícharo deshidratado y para la próxima boda uso tacones. Ah, pero la cosa no termina ahí, quítate las pulseras tejidas y sustitúyelas por una de diamante con el collar y los aretes. Al fin estás lista, ahora espera que sean las diez de la noche. ¿Pero si yo a esa hora me duermo? Uy, pues paciencia porque en las noches de boda, si bien te va, llegas a tu casa a las cuatro de la mañana. Y entonces empieza el ritual de belleza en sentido contrario, quítate las joyas, los tacones, el vestido, despíntate con diez algodones, quítate los pasadores del chongo, ponte la pijama y disfruta, porque restan solo ocho días para la próxima pesadilla ¡Noooooo!