Background Menú

Libros

Blog Tamar Cohem


El mito de Sísifo

16-10-2019

Confieso que no sé lidiar con la muerte. Cada que alguien cercano fallece me cuestiono qué sentido tiene vivir y siempre termino respondiéndome lo mismo: Ninguno. Por suerte no soy la única que piensa así, los existencialistas me preceden y leerlos me hace sentir acompañada. Para explicar el sinsentido de la vida Camus habla del mito de Sísifo. Sísifo es un personaje de la mitología griega que tras engañar en repetidas ocasiones a los dioses recibe un castigo: Tiene que cargar una piedra muy pesada hasta la cumbre de una montaña, soltarla, dejarla caer hasta el punto de partida y volverla a cargar hacia el mismo lugar. Así sin parar por toda la eternidad. Digamos que Sísifo somos cada uno de nosotros realizando nuestra rutina diaria. La mía es ésta: suena el despertador, me tomo mi primera pastilla del día, vuelve a sonar a los treinta minutos, me tomo la segunda, hago ejercicio, desayuno, tres pastillas más, trabajo en mi oficina, como con mi familia, de vuelta al trabajo, leo, ceno, seis pastillas más y a dormir. Al día siguiente se repite lo mismo. Sísifo podría en todo caso aventarse de la montaña, pero no lo hace. Tampoco piensa que el escenario va a mejorar, ni crea una nueva deidad, ni se revela o pide perdón. Él acata su castigo con dignidad, entiende a la perfección que nada tiene sentido y disfruta su castigo. Así que cuando me sienta perdida recordaré lo que hace Sísifo para no sucumbir ante un mundo absurdo. Disfrutar. Y para eso nada mejor que el arte. Una lectura o relectura de la La Metamorfosis, o cantar en voz alta y desafinada Bohemian Rhapsody. Hay días que simplemente necesito mirar el libro que me espera en el buró para levantarme de la cama. Solo me gustaría que esas mañanas fueran mayoría. ¿O no preferirías que la piedra fuera menos pesada, Sísifo?

 

 

 




Blog Tamar Cohem


P. Sherman Calle Wallaby 42 Sydney

10-10-2019

Mis amigos me dicen Dory de cariño. En referencia a ese pez encantador, carismático y simpático que sufre de pérdidas de memoria a corto plazo. En un día puedo contar la misma anécdota a una sola persona en cuatro ocasiones sin darme cuenta. O soy capaz de ver un capítulo de una serie diez o veinte veces, al fin y al cabo nunca me aburro ya que siempre es novedoso. Tiene sus ventajas. ¿O acaso no quisieran oír la buena noticia de que el tumor que les encontraron en la tiroides es benigno, que se les olvide, asustarse y recibir de nuevo la noticia de que es benigno? Obvio sí. Este fin de semana estaba navegando por las redes sociales cuando de pronto leo: Descanse en paz Amos Oz. En seguida siento un golpe en el pecho, una sensación de vacío y tristeza por la muerte de uno de mis escritores favoritos. A mi lado están mis hijos, D, la novia de uno de ellos y el Barón, les digo la noticia y se me empañan los ojos, empiezo a llorar. Ellos comparten mi dolor. Busco una noticia en Google y leo un artículo sobre él en El País. Tenía 79 años y murió sin recibir el Premio Nobel ¡Qué triste! Le escribo un WhatsApp a mis amigas. Dos de ellas ponen caras tristes hasta que la tercera me dice que Amos Oz ya se murió el año pasado. ¿Cómo? ¿En serio? ¿Se volvió a morir? Obvio no, me dice. ¿Cómo pude olvidar la muerte de uno de mis escritores favoritos? ¿Y sentir el vacío, la tristeza y llorar de nuevo? Entonces comienza el bullying, ya se murió Michael Jackson y Miguel Hidalgo y Benito Juárez… Solo espero que la muerte de Camilo Sesto no se me olvide nunca, si no qué chinga estar llorando por él cada año. ¿O no Dory?




Blog Tamar Cohem


El amor de mi vida

03-10-2019

Me enteré que se murió Camilo Sesto media hora antes de que me maquillaran para la boda del hijo de mi hermana. Supuse que solo tendría treinta minutos para llorar la partida de quien había sido el amor de mi vida: sollocé en el delantal de sapos de C, la cocinera de mi casa, le llamé a mamá quien me consoló como si yo tuviera doce años, busqué un video de Camilo en un concierto en google y lo subí a mi página de face, le escribí a mis hermanas, quienes sabía que compartirían mi dolor, le escribí también al Barón, a mis hijos y amigas, quienes seguro no entenderían la magnitud de lo que mi corazón estaba sintiendo. Manejé a casa de mis papás, donde me esperaba la maquillista, mientras escuchaba y cantaba Perdóname, Callados, Celos, Jamás, Mi buen amor…¡Carajo!, ¿por qué vivo tan cerca de mis papás? Me lamenté. Cinco minutos antes de la cita le conté a la maquillista de la vez que entré a verlo a su camerino después de una función en el Patio, de cómo me senté en sus piernas y me tomaron una foto. Sentía como si hubiera sido ayer. Y entonces me puso rímel y delineador y sombras y base y bilé y las lágrimas se tuvieron que posponer a pesar del corazón roto. Pensé que el luto había terminado, pero por suerte soy una persona intensa y mi alma aún no se recupera. Así que he podido continuar llorando su pérdida después de la boda. El Barón ya está harto de llegar a la casa y verme en la cama viendo videos de Camilo en Viña del mar o en entrevista con Raúl Velasco. Pero es que por más que le explico, él no entiende lo que es perder al amor de mi vida. Ups.




Blog Tamar Cohem


El terror nocturno se mudó de habitación

03-07-2019

En el 2011 se publicó un libro de cuentos sobre maternidad en el que tuve el placer de colaborar. Recuerdo que una desconocida se había acercado con otra de las autoras para decirle que había leído uno de mis cuentos y que esperaba que estuviera yendo a terapia psicológica. El comentario me causó mucha gracia. Sin embargo, ahora que releo algunos de mis primeros cuentos entiendo la preocupación de esa lectora. De verdad que sí tenía una mente bien perturbada. Solo espero que tantos años de terapia hayan servido para algo. Les dejo uno más a ver qué opinan:

Durante veinte años he sido presa del terror nocturno. Cada noche, como un hábito inquebrantable, apago la luz y huyo a velocidad de guepardo a refugiarme en mi santuario. Una vez ahí, bramo en silencio como único consuelo. De pequeña, intenté en vano colocarle un caparazón para alentar su paso y apurar el mío; opté también por aturdirlo, lanzando cual pulpo, chorros de tinta negra en forma de nubes. Una cortina de humo nos distanciaba y yo, que debía aprovechar el instante para escapar, me ocupaba en toser. Una noche hasta probé el mimetismo, me vestí con una pijama verde exactamente del mismo tono de mis sábanas y me quedé quieta toda la noche, amanecí con los músculos atrofiados y un olor a cilantro impregnado en mi almohada. Noche tras noche se aparecía hambriento en mi habitación, masticaba mis huesos, exprimía mis articulaciones y destrozaba mis pantuflas. Jamás logré vencerlo. Y sin embargo hoy, veinte años después…ha desaparecido. Ya no huelo sus heces, su aguijón venenoso, no palpo su piel escamosa ni su estrecho hocico, ya no me rozan sus pezuñas debajo de la cobija. El enemigo se transformó en polvo. De pronto escucho un grito que proviene del cuarto de mi hijo. Sonrío aliviada. El terror nocturno se mudó de habitación.




Blog Tamar Cohem


Aniversario

26-06-2019

Hoy me topé con uno de mis primeros cuentos que escribí y que se publicó en la revista Lenguaraz. Recuerdo también que me invitaron a leerlo en voz alta en una pequeña casa en la Condesa, y que mi sobrino cineasta la adaptó en un cortometraje. Este cuento lleva por título Aniversario y me costó unas cuantas peleas con el Barón. La verdad no sé por qué se lo tomó personal si a él no le gusta la sopa de cebolla. Quizá fue porque lo escribí un 28 de Mayo, un día antes de nuestro aniversario. ¡Ups! Bueno, espero lo disfruten:
Metió la cuchara de plata en la sopa de cebolla, agujereó la cubierta dorada del queso gouda y destrozó el pan remojado que estaba debajo, arrimó la nariz para aspirar el vapor que salía del caldo, sus fosas nasales se ensancharon dejando entrever una gota de mucosidad amarillenta entre los vellos oscuros, la punta de la nariz se le encendió, un brillo grasoso hizo evidente las imperfecciones: puntos negros, agujeros, una verruga púrpura. Meneó la cuchara dentro de la sopa, sacó un trozo de pan con caldo, probó la temperatura con la punta de la lengua, dos gotas se escurrieron hasta la barba, se pegó más a la cuchara, abrió los labios y tragó mientras la garganta se le hinchaba; un hilo de queso fundido se atoró entre los dientes, metió la uña de su dedo meñique y con un giro del antebrazo lo echó de nuevo al caldo, se rascó la parte trasera del lóbulo izquierdo antes de volver a meter la cuchara.

Gabriela lo observaba desde su lugar con la respiración agitada: después de veinte años había encontrado una razón para dejarlo.




Blog Tamar Cohem


Corazón Salvaje

19-06-2019

La muerte de Edith González me dolió en un espacio de mi cuerpo que creía perdido. Algo similar a cuando haces mucho ejercicio y al otro día te duelen músculos que no sabías que existían. Crecí viendo telenovelas, durante la infancia fueron Los ricos también lloran y Mundo de juguete. De hecho tenía un poster de Rogelio Guerra colgado en mi cuarto. Yo de 7 años soñando con un hombre de 43. De adolescente continué con mi educación telenovelesca: Tú o nadie y Alcanzar una estrella. Entonces entré a estudiar a la Universidad y algo en mí cambio. ¿Maduré? No, todo lo contrario. Consideré que las telenovelas eran parte vital para mi desarrollo intelectual. Me da vergüenza confesarlo, pero en el examen de admisión de la Ibero, en uno de los incisos debías poner 3 revistas que acostumbraras leer. Obvio escribí Tv y novelas. De verdad no entiendo cómo me aceptaron. Quizá por pecar de honesta. El año que me casé salió Corazón Salvaje. La mejor telenovela y la última que vi. Edith González actuaba con una inteligencia emocional que era de admirar. No era un típico títere de esos dramas baratos. Ella era distinta, auténtica. Ni se diga de Eduardo Palomo. Yo estaba completamente enamorada de él. Sí, recién casada y fantaseando con que me lo topaba por la calle y caía desmayada en sus brazos. Tres años después me embaracé. Compré la telenovela en dvd´s, y la tenía lista para cuando empezara el trabajo de parto. Seguro que las contracciones ni se sentirían viendo besarse a los protagonistas. Al final enfermé de tifoidea, me provocaron el parto y los dvd´s fueron obsoletos. Siete años más tarde murió Palomo, así de repente. Y ahora tocó el turno a Edith. Durante muchos años olvidé mi afición por las telenovelas. Hoy su muerte me la recuerda. Gracias, Edith, por ser parte de mi vida. Descansa en paz.




Blog Tamar Cohem


¿Te atreves a caminar por la playa en traje de baño?

12-06-2019

Retomé la escritura de mi novela. Abril es una adolescente que no está a gusto con el tamaño de su cuerpo. Esa es la premisa. Seguro pensarán que el tema no es novedoso y quizá hasta trillado, pero es que la trama de un texto literario es lo de menos, el chiste es la manera de abordarlo. Y es ahí cuando un escritor le apuesta a que su historia pueda hacer una diferencia. Siempre me ha gustado verme reflejada en mis libros. Quizá como dicen mis amigos, me hace falta filtro. Tienen razón, pero es que también le apuesto a una escritura honesta, valiente y arriesgada. Aún no tengo título para la novela, pero sé que Abril tiene muchos rasgos míos y otro no. La idea surgió a raíz de los 15 kilos que subí por culpa de los medicamentos que tomo. Aunque a decir verdad, a pesar de que toda mi vida fui delgada, siempre me molestó mi abdomen que no era plano y las bolitas en la cadera. ¡Qué idiota!, perdí meses haciendo dietas inútiles, detox, abdominales…, ¿para qué?, ¿para perder uno o dos kilos y poder caminar libremente en traje de baño en la playa? Así que lo mejor que pudo haberme pasado fue aumentar de peso a raíz de mi depresión, salir adelante y darme cuenta que no tengo que estar delgada para hacerlo. Sí, el proceso al engordar no fue fácil, no les voy a mentir, pero una vez que lo acepté, me di cuenta que me prefiero sana aunque use talla grande de ropa. Fue entonces cuando dejé de preocuparme por hacer dietas y ocupé mi mente en asuntos más importantes. Es curioso, justo ahora que peso más, andar en la playa en traje de baño, me resulta de lo más natural. Ni siquiera me lo cuestiono ¡Qué absurda es la vida!




Blog Tamar Cohem


Gaga en concierto

05-06-2019

Este blog se escribió casi solo. Quienes me conocen ya predecían de qué trataría. Sí, asistí al espectacular y maravilloso concierto de Lady Gaga. Por lo que no hablar de ella sería una traición a mis emociones, a lo que soy y a mis lectores. Fueron dos horas de una adrenalina constante correr por mis venas, de gritar sus canciones, de verla moverse en el escenario con su peluca gris azulada, sus botas negras con agujetas verdes y los labios pintados de naranja fosforescente. Una locura. Y no crean que la cosa se queda ahí. Gaga es una artista con causa. Habló sobre las enfermedades mentales y cómo a pesar de no notarse a simple vista, son igual de reales que cualquier otro padecimiento. Dijo que debemos acercarnos a las personas y preguntarles por cómo quieren que nos refiramos a ellas, si con el pronombre de él o ella. Y que quienes se identifican con ambos sexos, muchas veces solo piden que los llames por su nombre. Gaga es un ejemplo de lucha, admiración, respeto, tolerancia, amor, calidad humana y un talento de miedo. Al final del concierto se metieron todos los bailarines, la banda y Gaga. Las luces se apagaron y el público no se movía. Todos adivinaban lo que venía. Las lágrimas se escurrían en mis mejillas, entrelacé los dedos de las manos, el cuerpo me temblaba, cerré los ojos y respiré hondo. Los primeros acordes de Shallow se escucharon, Gaga apareció ondeando una bandera de arco iris, corría y saltaba feliz por el escenario mientras el público la ovacionaba. Cubrió el piano con la bandera, nos agradeció, nos declaró su amor y la cantó. Todavía escribo esto y se me salen las lágrimas. No sé qué fibras tocas en mí, Gaga. Pero gracias por hacerme sentir tanto.




Blog Tamar Cohem


Gracias Volaris

29-05-2019

Para A.

La vida es más divertida cuando te suceden cosas. Y no me refiero a eventos memorables como ganar el premio mayor de la lotería. Hablo de esas circunstancias que en su momento sacan lo peor de ti, pero que horas o días después, y con un puñado de humor, las cuentas provocando carcajadas a un grupo exigente de personas. Mi amigo A voló a Tijuana este fin de semana por Volaris. Si el vuelo hubiera salido a tiempo, si no lo hubieran sobrevendido, si el trato hacia los pasajeros hubiera sido el adecuado, entre otras setecientas cosas, la anécdota se hubiera resumido en un aburrido renglón: Volé por Volaris a Tijuana. Y obvio, ni siquiera habría salido a colación en la cena de los cuates del viernes. ¿Quién desea oír sobre experiencias monótonas? Ya suficiente tiene la vida de rutinaria para además echar a perder una reunión con boberías. Por suerte, a mi amigo le sucedieron cosas, sobrevendieron el vuelo, perdió su reservación y su lugar en la fila, le gritó a sus hijas en frente de una mujer oriental formada detrás de él, las hijas volaron sin padre, la maleta se perdió durante un lapso de tiempo estresante, tomó el monorriel para cambiar de terminal y poder viajar en Aeroméxico, al llegar se le atravesó un individuo a la fila que iba a pagar sobrepeso, los minutos avanzaron y perdió el vuelo, de vuelta al monorriel, al trato con Volaris, al gentío, a la injusticia, a toparse con la misma mujer oriental, antes de abordar se entera que trae la visa de su hija y no la dejan cruzar la frontera, las hijas varadas en un limbo del aeropuerto, no las dejan ni salir a pasear por Tijuana, les ofrecen un asiento en el piso a falta de sillas. Ya lo sé, me falta simpatía para contar la anécdota. A mi amigo le sobra. Solo me resta darle las gracias a Volaris por habernos hecho pasar una velada tan inolvidable. De todo corazón, gracias Volaris.




Blog Tamar Cohem


Cuerpo amorfo

22-05-2019

Me duele desde la punta del dedo chiquito del pie hasta el cráneo. Siento contraídos músculos que no sabía que existían. Me arden los ojos y solo quiero recostar la cabeza en la almohada y dormitar como oso en hibernación. Esto es el resultado de siete horas de brincos, bailes y sacudidas de cabello. 420 minutos de no parar de cantar ni abandonar la pista. Y es que no fue mi culpa, si no del DJ que contratamos para la fiesta de 50 del Barón. Me dan ganas de llamarle y pedirle que me pague la consulta del quiropráctico. Mínimo, diría yo. Unas cosas por otras. Yo bailé su música con toda la energía posible. Ahora le toca a él dar de su parte y contribuir a que mi cuerpo regrese a la normalidad. Quizá también fue culpa del barman y de los gins de frutos rojos que preparó. O de los invitados, porque hay celebraciones que no prenden. Te la pasas bien pero no le entregas tu alma a la fiesta. Así que al otro día caminas normal y no como si hubieras corrido un maratón. Sí, ellos también tienen la culpa. Su argumento es que nos quieren mucho y por eso las muestras de cariño a través del baile y las risas. Pero yo tengo mis dudas. Para mí que aprovecharon la barra libre de alcohol, los tacos, las quesadillas, los helados, las ensaladas y les valió un pepino si en los días consecuentes mi cuerpo se convertía en una figura de cera amorfa. Se me ocurre poner una alcancía y que cada quien coopere con lo que crea proporcional a cómo se divirtió. Buenísima idea. Seguro que con eso tengo para pagar el doctor, los relajantes musculares y el sobrante, lo ahorro para la fiesta de 60 años. Solo espero que en 10 años mi cuerpo ya se haya recuperado.




Blog Tamar Cohem


Las peripecias de tener un perro

15-05-2019

¡No! Emma, le dice el Barón a nuestra perra cada que intenta subirse a los sillones, cuando raspa con sus uñas la puerta de madera, o mientras corre para atrapar un pájaro en el jardín y levanta el pasto que con mucha dedicación los jardineros han cuidado. Emma es un desastre. Sí, pero también es la alegría de la casa. Llegó hace dos años, la encontramos en un sitio en internet, había sido rescatada de la calle hacía muy poco, fui a conocerla con mis hijos y de inmediato nos conquistó su vivacidad. En cuanto la trajimos a la casa, nuestra labrador Mía, quien estaba muy desanimada, revivió. Verlas a las dos recorrer el jardín, saltar, morderse, gruñir, jugar, era un gran regalo. Intenté educarla, traje un entrenador y me propuse que esta vez, sí sería una mamá estricta, Emma tenía que saber que yo era quien tenía el control. Ja, qué buen chiste. El caso es que hace unas semanas entré a casa y la descubrí mordiendo el sillón de la sala del estudio, la que se ve justo al entrar a la casa. Terror, pánico, ansiedad, angustia, pesadilla, de nuevo terror. El Barón nos va a matar a todos, pero antes, va a regalar a Emma. La regañé como nunca y luego tapé el incidente con un cojín. Tenía que pensar. Mi amiga V me sugirió hablar a la mueblería. Tardaban meses en conseguirme la tela. De nuevo terror. V me dio el teléfono de los mejores tapiceros. Tenían que llevarse el sillón completo y regresarlo en un par de días. Así que esperé a que el Barón se fuera de viaje, ese mismo día lo recogieron y lo devolvieron como nuevo. El Barón regresa hoy. Va a enterarse de todo a través del blog. Yo digo que merezco un abrazo por haber resuelto todo sin su ayuda. ¿Verdad, amor?




Blog Tamar Cohem


Soy de lo peor

01-05-2019

Para mi prima S:

Resulta que soy una persona de pocos principios. Me vendo muy fácil con tal de experimentar uno que otro placer de lo más gratificante. Antes no era así. Recuerdo mis épocas en que trabajaba en la Liga de La Leche y como Consultora de Lactancia, portaba un armadura de hueso colorado, no compraba productos Nestlé ya que fomentaban el uso de biberones y fórmula en poblaciones marginales. Incluso hace unos años, cuando José Saramago aún vivía y se atrevió a declarar un par de comentarios antisemitas, no dudé en tirar su maravilloso libro El evangelio según Jesucristo. Pero debí sospechar que algo comenzaba a fallar en mi interior, porque pese a todo, me quedé con Ensayo sobre la ceguera. Claro que ahora me arrepiento de haber tirado El evangelio, pero como dije, he perdido mis principios. Mi prima S dice que cada quien se vende a uno o varios postores. Para ella, el arte de Michael Jackson no es lo suficientemente importante como para justificar su falta, así que queda vetado de sus listas musicales, (aunque no estoy segura si alguna vez fue su fan) En cambio yo, con tal de disfrutar una velada viendo Annie Hall, Match point o La última noche de Boris Grushenko con mis adorados hijos, soy capaz de pasar por alto la cantidad de denuncias que pueda tener Woody Allen. Tampoco me voy a volver su abogada defensora, pero digamos que prefiero cerrar un ojo. Yo sé que está muy mal. Soy de lo peor. Lo reconozco. Mi prima, por ejemplo, también es de lo peor, come carne a pesar de saber que es moralmente reprobable y que atenta contra la vida digna de los animales. El problema es que yo me río con Woody Allen, leo a Heidegger, a pesar de su nazismo y hasta como carne. Ya ven, soy una persona de pocos principios.




Blog Tamar Cohem


La nueva Tamar

24-04-2019

El lunes desperté entusiasmada. Había hecho una lista de pendientes que pronto empezaría a tachar: hacer cita en el oculista, limpiar mi buró, comprar vitaminas, clasificar libros de la biblioteca, corregir la ortografía de mi guión… no crean que soy del tipo de personas que hacen listas. Más bien soy de esas que creen, inocentemente, que después de las vacaciones, la vida te da la posibilidad de cambiar e integrar nuevos hábitos. Algo así como una pequeña ventana que se abre solo por un breve instante. Depende de ti aprovecharla o no. Entonces hice mi lista para convertirme en la nueva Tamar: una mujer organizada y ordenada. También incluí un nuevo hábito. Me propuse leer un cuento antes de sentarme a trabajar. Todo salió por un libro maravilloso de James Rhodes. Fugas. Él sugería escuchar una pieza de música clásica todos los días para conectarte con tu interior. Yo pensé que podría hacerlo con la literatura. El lunes leí uno de Alice Munro y el martes a Raymond Carver. De dos días llevo ambos cumplidos con el nuevo hábito ¡Felicidades! Eso merece un aplauso. No sé qué vaya a suceder mañana, mucho menos la próxima semana ni el año que entra. Me gustaría mantener el hábito de hacer listas pero también me conozco, y creo que mi naturaleza es ser desordenada y desorganizada. Los pendientes vuelan como globos inflados con helio y ni aunque me estire los puedo atrapar. Sí, lo de los cuentos está maravilloso, pero seamos sinceros, ¿cúanto tiempo creen que dure? ¡Qué mal! Apenas llevo dos días y ya empecé a dudar de mi fuerza de voluntad. Aunque quizá eso es lo que necesito. ¿Qué tal que un poco de negatividad me reta a mantener mis nuevos hábitos? Yo siempre lo digo, nunca, nunca, hay que menospreciar a los pesimistas.




Blog Tamar Cohem


Comida familiar

09-04-2019

Las comidas de los lunes en casa de mis papás son lo mejor. Mi mamá se preocupa por satisfacer el enorme apetito de sus nietos y como buena abuela judía prepara sus mejores manjares. Mis hijos, en agradecimiento, la molestan argumentando que dios no existe y confesándole que comieron tocino, chorizo, jamón serrano o cualquier derivado del cerdo. Mi mamá no se ríe, pero estoy segura que por dentro sí disfruta de la plática, y quizá hasta recuerde sus buenas épocas cuando de pequeña probaba el chicharrón y los tacos de cochinita pibil. Yo, sinceramente, nunca entendí por qué dejó de hacerlo. Mi papá, por el contrario, coincide más con nuestra ideología, así que disfruta de cada ocurrencia que sueltan mis hijos. El lunes, por ejemplo, mi hijo A nos contaba que estaba platicando con una amiga de la universidad sobre su fascinación por la caca y su visita al proctólogo. Una tercera persona que lo escuchaba le preguntó: ¿Qué es proctólogo? A lo que mi hijo muy seriamente respondió: Es un Chamán que predice el futuro. A mi papá le encantó la historia. A mi también, de hecho de ahí salió la idea de este blog. A mi mamá no tanto, prefiere que no se toquen esos temas mientras comemos. Típico. Aunque lo cierto es que para todos fue difícil no imaginar a esta persona años después con un problema de índole anal, sabiendo que tendría que ir a ver a un Chamán para curarse. Es imposible no reírse. Sí, las comidas de los lunes son terapéuticas. Mi papá se olvida por dos horas de sus dolores crónicos de estómago, mi mamá no tiene tiempo de pensar en ella porque nadie la deja hablar, mis hijos se mueren de la risa y yo no puedo más que sentirme afortunada por tener este espacio todas las semanas.