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Libros

Blog Tamar Cohem


Un apabullante aplauso

13-11-2019

Hace algunos años fui con mi hijo A y su querido amigo G a la Ciudad de las Ideas. Reconozco que lo mío no son las multitudes ni las pláticas consecutivas de 20 minutos en donde se cambia de ponente, tema e idioma. Desde el primer día me sentía como si estuviera en medio del océano tragando toneladas de agua salada, mi cabeza salía a respirar unos segundos entre ponencia y ponencia y terminaba agotada. En una de estas innumerables conferencias salieron unas mujeres vestidas en bikini brasileño a entregarles a los ponentes unos regalos de Victoria Secret ¡BUM! Mis neuronas explotaron y la temperatura de mi cuerpo comenzó a elevarse hasta llegar a punto de ebullición. En las pantallas se veían esos traseros redondos y firmes mientras yo leía en los asientos el lema del evento: Cambiemos el mundo. ¿Cómo carajos lo pensamos cambiar si rebajamos a la mujer a una condición de objeto? Mi amiga R estaba igual de furiosa así que empezamos a chatearnos. Había que hacer algo, pero…¿qué? ¿Incendiar el auditorio? ¿Gritar que había una bomba? Demasiado riesgoso. Llegó el turno de hacer preguntas y se formaron dos hileras en los pasillos laterales. No entiendo de dónde saqué las fuerzas para pararme. Las piernas me temblaban. Mi amiga me guiaba a través del celular, se necesitaba un gran apoyo para hablar ante cinco mil personas. Llegó mi turno. Tomé el micrófono con la mano en estado de parkinson y denuncié la ofensa hacia la mujer, la objetivización, los efectos que tiene mostrar esos cuerpos en una sociedad con tantos trastornos alimenticios y un montón de cosas más. Recibí un aplauso apabullante. Genial. De ahí me llevaron con los paramédicos. Me dio una contractura en la boca del estómago. No sabía que la valentía guarda una relación directa con la salud. No volví a la Ciudad de las Ideas. Me contaron que ya no hay preguntas del público. ¿Seré yo la culpable?




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Tricotilomanía

06-11-2019

Desde que tengo memoria soy una persona ansiosa. En innumerables fotos de mi infancia salgo encorvada y sumergida en un estudio minucioso de las puntas del cabello, en cuanto encontraba una con orzuela (de hecho acabo de descubrir que no se dice ursuela), la abría hasta que la parte más débil caía entre mis dedos. En la escuela sobrevivía las clases mordiéndome las uñas, los pellejos y la cutícula hasta sacarme sangre y crear unas costras de lo más apetitosas. Más tarde comencé a olerme los antebrazos, el olor a limpio no tenía chiste, por eso disfrutaba más cuando habían pasado ya algunas horas después del baño. Si le preguntas a cualquier persona que estudió conmigo te van a decir que me recuerdan así, acariciándome el pelo, mordiéndome las uñas y oliéndome. Esa soy yo. Antes de casarme me dije que era momento de madurar así que me corté el pelo y de esa manera tan dramática le di la sentencia a muerte a la orzuela. Aunque claro, nunca vislumbré que mi ansiedad era mucho más inteligente y que se las ingeniaría de alguna u otra manera para seguir existiendo. Y así fue. Desde ese entonces y hasta ahora, me jalo el pelo con la mano como chango, escojo los que están quebradizos y los arranco de un tirón. Ni siquiera el miedo a quedarme calva ha logrado mantenerme quieta. Esta semana leí Bezoar, un cuento de Guadalupe Nettel en el que habla de una chava que se arranca el pelo. Aprendí que a ese tic se le llama Tricotilomanía. Me quedé en shock. Me pareció un nombre genial, como si fuera el de una secta, y confieso que me sentí afortunada de pertenecer a ella. La próxima vez que no me halle en este mundo, recordaré que no estoy sola, que soy una tricolómana más, y estoy segura que eso bastará para alegrarme el día.




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¡Has creado un monstruo!

30-10-2019

Hace 17 años comencé a escribir. El primer libro que se publicó, después de tocar infinidad de puertas fue Papás bajo la lupa. Hace poco mi amiga L me recordó que en la presentación del libro mis papás se quejaban con L, mi maestra y quien pronto también se convirtió en mi amiga: Has creado un monstruo, le decían después de haber leído que la trama de la novela consistía en cómo dos niños enjuiciaban a sus padres. Después de ese vino Cinco modos para deshacerme de mi hermanito, un cuento que me publicaron gracias a que accedí a eliminar la parte en donde Bruno, el hermano mayor, ahoga en el fondo del mar a su hermanito Sebastián. ¡Uff, qué moralistas! El tercero fue El año terrible, el cual reconozco que mandé a concurso durante una etapa maníaca. Ganó pero yo perdí mi intimidad. Cuarto: Orfanato Lachina, Lenny es abandonado por sus papás en un Orfanato. Quinto: Me quiero Independizar, Tavo, a sus doce, está harto de tantas reglas y quiere salirse de casa. Sexto: Producciones Violeta: una niña que quiere curar la enfermedad de su prima a través de cumplirle un deseo. Un tema tabú. Al parecer sí hay un monstruo dentro de mí que espera salir en cada libro, como si quisiera reparar una infancia mal vivida, aunque debo reconocer que no puedo quejarme, crecí llena de amor…¿entonces?, ¿por qué escribo de esos temas? Porque estoy convencida de que la literatura infantil y juvenil debe tocar temas incómodos y necesarios ya que los niños son seres pensantes y merecen ser tratados con respeto. Eso significa nada de moralejas. Así que si por ahí se encuentran a mis papás, no vayan a creer que son culpables de mi escritura, no los vayan a querer ahorcar, quemar, apedrear o descuartizar…ya ven, apenas empiezo a escribir y ya me sale lo sádico.




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¿Otra boda? ¡Nooo!

23-10-2019

Las bodas se han convertido en una de mis peores pesadilla. No sé por qué tanta exigencia cuando uno es feliz en pants y pelo suelto. Ah, pero no, parece que lo hacen por joder. Ve al salón, péinate de chongo con diez mil pasadores, maquíllate los ojos aunque te lloren toda la noche, hazte manicure y cambio de barniz en las uñas de los pies, depílate las axilas, ponte ese vestido largo y ajustado que hace que broten con gran naturalidad las lonjas de tu cuerpo, mismas que podrías evitar poniéndote una faja que te comprime los huesos y te asfixia, pero yo no soy de fajas, el sábado me la puse y antes de llegar a la boda me la quité en el Uber y la guardé en mi milimétrica bolsa de noche, la verdad no sé cómo cupo. Y luego está el tema de los tacones, ¿quién carajos los inventó?, seguro que un antisemita, misógino, integrante del ku klux klan e ignorante de mierda. Y lo peor es que los uso, ¿por qué no me rebelo ante tal tortura?, ¿por qué si me giran las neuronas no me libero y me pongo unas sandalias elegantes pero sin tacón? Lo he hecho, pero siempre termino sintiéndome como chícharo deshidratado y para la próxima boda uso tacones. Ah, pero la cosa no termina ahí, quítate las pulseras tejidas y sustitúyelas por una de diamante con el collar y los aretes. Al fin estás lista, ahora espera que sean las diez de la noche. ¿Pero si yo a esa hora me duermo? Uy, pues paciencia porque en las noches de boda, si bien te va, llegas a tu casa a las cuatro de la mañana. Y entonces empieza el ritual de belleza en sentido contrario, quítate las joyas, los tacones, el vestido, despíntate con diez algodones, quítate los pasadores del chongo, ponte la pijama y disfruta, porque restan solo ocho días para la próxima pesadilla ¡Noooooo!




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El mito de Sísifo

16-10-2019

Confieso que no sé lidiar con la muerte. Cada que alguien cercano fallece me cuestiono qué sentido tiene vivir y siempre termino respondiéndome lo mismo: Ninguno. Por suerte no soy la única que piensa así, los existencialistas me preceden y leerlos me hace sentir acompañada. Para explicar el sinsentido de la vida Camus habla del mito de Sísifo. Sísifo es un personaje de la mitología griega que tras engañar en repetidas ocasiones a los dioses recibe un castigo: Tiene que cargar una piedra muy pesada hasta la cumbre de una montaña, soltarla, dejarla caer hasta el punto de partida y volverla a cargar hacia el mismo lugar. Así sin parar por toda la eternidad. Digamos que Sísifo somos cada uno de nosotros realizando nuestra rutina diaria. La mía es ésta: suena el despertador, me tomo mi primera pastilla del día, vuelve a sonar a los treinta minutos, me tomo la segunda, hago ejercicio, desayuno, tres pastillas más, trabajo en mi oficina, como con mi familia, de vuelta al trabajo, leo, ceno, seis pastillas más y a dormir. Al día siguiente se repite lo mismo. Sísifo podría en todo caso aventarse de la montaña, pero no lo hace. Tampoco piensa que el escenario va a mejorar, ni crea una nueva deidad, ni se revela o pide perdón. Él acata su castigo con dignidad, entiende a la perfección que nada tiene sentido y disfruta su castigo. Así que cuando me sienta perdida recordaré lo que hace Sísifo para no sucumbir ante un mundo absurdo. Disfrutar. Y para eso nada mejor que el arte. Una lectura o relectura de la La Metamorfosis, o cantar en voz alta y desafinada Bohemian Rhapsody. Hay días que simplemente necesito mirar el libro que me espera en el buró para levantarme de la cama. Solo me gustaría que esas mañanas fueran mayoría. ¿O no preferirías que la piedra fuera menos pesada, Sísifo?

 

 

 




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P. Sherman Calle Wallaby 42 Sydney

10-10-2019

Mis amigos me dicen Dory de cariño. En referencia a ese pez encantador, carismático y simpático que sufre de pérdidas de memoria a corto plazo. En un día puedo contar la misma anécdota a una sola persona en cuatro ocasiones sin darme cuenta. O soy capaz de ver un capítulo de una serie diez o veinte veces, al fin y al cabo nunca me aburro ya que siempre es novedoso. Tiene sus ventajas. ¿O acaso no quisieran oír la buena noticia de que el tumor que les encontraron en la tiroides es benigno, que se les olvide, asustarse y recibir de nuevo la noticia de que es benigno? Obvio sí. Este fin de semana estaba navegando por las redes sociales cuando de pronto leo: Descanse en paz Amos Oz. En seguida siento un golpe en el pecho, una sensación de vacío y tristeza por la muerte de uno de mis escritores favoritos. A mi lado están mis hijos, D, la novia de uno de ellos y el Barón, les digo la noticia y se me empañan los ojos, empiezo a llorar. Ellos comparten mi dolor. Busco una noticia en Google y leo un artículo sobre él en El País. Tenía 79 años y murió sin recibir el Premio Nobel ¡Qué triste! Le escribo un WhatsApp a mis amigas. Dos de ellas ponen caras tristes hasta que la tercera me dice que Amos Oz ya se murió el año pasado. ¿Cómo? ¿En serio? ¿Se volvió a morir? Obvio no, me dice. ¿Cómo pude olvidar la muerte de uno de mis escritores favoritos? ¿Y sentir el vacío, la tristeza y llorar de nuevo? Entonces comienza el bullying, ya se murió Michael Jackson y Miguel Hidalgo y Benito Juárez… Solo espero que la muerte de Camilo Sesto no se me olvide nunca, si no qué chinga estar llorando por él cada año. ¿O no Dory?




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El amor de mi vida

03-10-2019

Me enteré que se murió Camilo Sesto media hora antes de que me maquillaran para la boda del hijo de mi hermana. Supuse que solo tendría treinta minutos para llorar la partida de quien había sido el amor de mi vida: sollocé en el delantal de sapos de C, la cocinera de mi casa, le llamé a mamá quien me consoló como si yo tuviera doce años, busqué un video de Camilo en un concierto en google y lo subí a mi página de face, le escribí a mis hermanas, quienes sabía que compartirían mi dolor, le escribí también al Barón, a mis hijos y amigas, quienes seguro no entenderían la magnitud de lo que mi corazón estaba sintiendo. Manejé a casa de mis papás, donde me esperaba la maquillista, mientras escuchaba y cantaba Perdóname, Callados, Celos, Jamás, Mi buen amor…¡Carajo!, ¿por qué vivo tan cerca de mis papás? Me lamenté. Cinco minutos antes de la cita le conté a la maquillista de la vez que entré a verlo a su camerino después de una función en el Patio, de cómo me senté en sus piernas y me tomaron una foto. Sentía como si hubiera sido ayer. Y entonces me puso rímel y delineador y sombras y base y bilé y las lágrimas se tuvieron que posponer a pesar del corazón roto. Pensé que el luto había terminado, pero por suerte soy una persona intensa y mi alma aún no se recupera. Así que he podido continuar llorando su pérdida después de la boda. El Barón ya está harto de llegar a la casa y verme en la cama viendo videos de Camilo en Viña del mar o en entrevista con Raúl Velasco. Pero es que por más que le explico, él no entiende lo que es perder al amor de mi vida. Ups.




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El terror nocturno se mudó de habitación

03-07-2019

En el 2011 se publicó un libro de cuentos sobre maternidad en el que tuve el placer de colaborar. Recuerdo que una desconocida se había acercado con otra de las autoras para decirle que había leído uno de mis cuentos y que esperaba que estuviera yendo a terapia psicológica. El comentario me causó mucha gracia. Sin embargo, ahora que releo algunos de mis primeros cuentos entiendo la preocupación de esa lectora. De verdad que sí tenía una mente bien perturbada. Solo espero que tantos años de terapia hayan servido para algo. Les dejo uno más a ver qué opinan:

Durante veinte años he sido presa del terror nocturno. Cada noche, como un hábito inquebrantable, apago la luz y huyo a velocidad de guepardo a refugiarme en mi santuario. Una vez ahí, bramo en silencio como único consuelo. De pequeña, intenté en vano colocarle un caparazón para alentar su paso y apurar el mío; opté también por aturdirlo, lanzando cual pulpo, chorros de tinta negra en forma de nubes. Una cortina de humo nos distanciaba y yo, que debía aprovechar el instante para escapar, me ocupaba en toser. Una noche hasta probé el mimetismo, me vestí con una pijama verde exactamente del mismo tono de mis sábanas y me quedé quieta toda la noche, amanecí con los músculos atrofiados y un olor a cilantro impregnado en mi almohada. Noche tras noche se aparecía hambriento en mi habitación, masticaba mis huesos, exprimía mis articulaciones y destrozaba mis pantuflas. Jamás logré vencerlo. Y sin embargo hoy, veinte años después…ha desaparecido. Ya no huelo sus heces, su aguijón venenoso, no palpo su piel escamosa ni su estrecho hocico, ya no me rozan sus pezuñas debajo de la cobija. El enemigo se transformó en polvo. De pronto escucho un grito que proviene del cuarto de mi hijo. Sonrío aliviada. El terror nocturno se mudó de habitación.




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Aniversario

26-06-2019

Hoy me topé con uno de mis primeros cuentos que escribí y que se publicó en la revista Lenguaraz. Recuerdo también que me invitaron a leerlo en voz alta en una pequeña casa en la Condesa, y que mi sobrino cineasta la adaptó en un cortometraje. Este cuento lleva por título Aniversario y me costó unas cuantas peleas con el Barón. La verdad no sé por qué se lo tomó personal si a él no le gusta la sopa de cebolla. Quizá fue porque lo escribí un 28 de Mayo, un día antes de nuestro aniversario. ¡Ups! Bueno, espero lo disfruten:
Metió la cuchara de plata en la sopa de cebolla, agujereó la cubierta dorada del queso gouda y destrozó el pan remojado que estaba debajo, arrimó la nariz para aspirar el vapor que salía del caldo, sus fosas nasales se ensancharon dejando entrever una gota de mucosidad amarillenta entre los vellos oscuros, la punta de la nariz se le encendió, un brillo grasoso hizo evidente las imperfecciones: puntos negros, agujeros, una verruga púrpura. Meneó la cuchara dentro de la sopa, sacó un trozo de pan con caldo, probó la temperatura con la punta de la lengua, dos gotas se escurrieron hasta la barba, se pegó más a la cuchara, abrió los labios y tragó mientras la garganta se le hinchaba; un hilo de queso fundido se atoró entre los dientes, metió la uña de su dedo meñique y con un giro del antebrazo lo echó de nuevo al caldo, se rascó la parte trasera del lóbulo izquierdo antes de volver a meter la cuchara.

Gabriela lo observaba desde su lugar con la respiración agitada: después de veinte años había encontrado una razón para dejarlo.




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Corazón Salvaje

19-06-2019

La muerte de Edith González me dolió en un espacio de mi cuerpo que creía perdido. Algo similar a cuando haces mucho ejercicio y al otro día te duelen músculos que no sabías que existían. Crecí viendo telenovelas, durante la infancia fueron Los ricos también lloran y Mundo de juguete. De hecho tenía un poster de Rogelio Guerra colgado en mi cuarto. Yo de 7 años soñando con un hombre de 43. De adolescente continué con mi educación telenovelesca: Tú o nadie y Alcanzar una estrella. Entonces entré a estudiar a la Universidad y algo en mí cambio. ¿Maduré? No, todo lo contrario. Consideré que las telenovelas eran parte vital para mi desarrollo intelectual. Me da vergüenza confesarlo, pero en el examen de admisión de la Ibero, en uno de los incisos debías poner 3 revistas que acostumbraras leer. Obvio escribí Tv y novelas. De verdad no entiendo cómo me aceptaron. Quizá por pecar de honesta. El año que me casé salió Corazón Salvaje. La mejor telenovela y la última que vi. Edith González actuaba con una inteligencia emocional que era de admirar. No era un típico títere de esos dramas baratos. Ella era distinta, auténtica. Ni se diga de Eduardo Palomo. Yo estaba completamente enamorada de él. Sí, recién casada y fantaseando con que me lo topaba por la calle y caía desmayada en sus brazos. Tres años después me embaracé. Compré la telenovela en dvd´s, y la tenía lista para cuando empezara el trabajo de parto. Seguro que las contracciones ni se sentirían viendo besarse a los protagonistas. Al final enfermé de tifoidea, me provocaron el parto y los dvd´s fueron obsoletos. Siete años más tarde murió Palomo, así de repente. Y ahora tocó el turno a Edith. Durante muchos años olvidé mi afición por las telenovelas. Hoy su muerte me la recuerda. Gracias, Edith, por ser parte de mi vida. Descansa en paz.




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¿Te atreves a caminar por la playa en traje de baño?

12-06-2019

Retomé la escritura de mi novela. Abril es una adolescente que no está a gusto con el tamaño de su cuerpo. Esa es la premisa. Seguro pensarán que el tema no es novedoso y quizá hasta trillado, pero es que la trama de un texto literario es lo de menos, el chiste es la manera de abordarlo. Y es ahí cuando un escritor le apuesta a que su historia pueda hacer una diferencia. Siempre me ha gustado verme reflejada en mis libros. Quizá como dicen mis amigos, me hace falta filtro. Tienen razón, pero es que también le apuesto a una escritura honesta, valiente y arriesgada. Aún no tengo título para la novela, pero sé que Abril tiene muchos rasgos míos y otro no. La idea surgió a raíz de los 15 kilos que subí por culpa de los medicamentos que tomo. Aunque a decir verdad, a pesar de que toda mi vida fui delgada, siempre me molestó mi abdomen que no era plano y las bolitas en la cadera. ¡Qué idiota!, perdí meses haciendo dietas inútiles, detox, abdominales…, ¿para qué?, ¿para perder uno o dos kilos y poder caminar libremente en traje de baño en la playa? Así que lo mejor que pudo haberme pasado fue aumentar de peso a raíz de mi depresión, salir adelante y darme cuenta que no tengo que estar delgada para hacerlo. Sí, el proceso al engordar no fue fácil, no les voy a mentir, pero una vez que lo acepté, me di cuenta que me prefiero sana aunque use talla grande de ropa. Fue entonces cuando dejé de preocuparme por hacer dietas y ocupé mi mente en asuntos más importantes. Es curioso, justo ahora que peso más, andar en la playa en traje de baño, me resulta de lo más natural. Ni siquiera me lo cuestiono ¡Qué absurda es la vida!




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Gaga en concierto

05-06-2019

Este blog se escribió casi solo. Quienes me conocen ya predecían de qué trataría. Sí, asistí al espectacular y maravilloso concierto de Lady Gaga. Por lo que no hablar de ella sería una traición a mis emociones, a lo que soy y a mis lectores. Fueron dos horas de una adrenalina constante correr por mis venas, de gritar sus canciones, de verla moverse en el escenario con su peluca gris azulada, sus botas negras con agujetas verdes y los labios pintados de naranja fosforescente. Una locura. Y no crean que la cosa se queda ahí. Gaga es una artista con causa. Habló sobre las enfermedades mentales y cómo a pesar de no notarse a simple vista, son igual de reales que cualquier otro padecimiento. Dijo que debemos acercarnos a las personas y preguntarles por cómo quieren que nos refiramos a ellas, si con el pronombre de él o ella. Y que quienes se identifican con ambos sexos, muchas veces solo piden que los llames por su nombre. Gaga es un ejemplo de lucha, admiración, respeto, tolerancia, amor, calidad humana y un talento de miedo. Al final del concierto se metieron todos los bailarines, la banda y Gaga. Las luces se apagaron y el público no se movía. Todos adivinaban lo que venía. Las lágrimas se escurrían en mis mejillas, entrelacé los dedos de las manos, el cuerpo me temblaba, cerré los ojos y respiré hondo. Los primeros acordes de Shallow se escucharon, Gaga apareció ondeando una bandera de arco iris, corría y saltaba feliz por el escenario mientras el público la ovacionaba. Cubrió el piano con la bandera, nos agradeció, nos declaró su amor y la cantó. Todavía escribo esto y se me salen las lágrimas. No sé qué fibras tocas en mí, Gaga. Pero gracias por hacerme sentir tanto.




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Gracias Volaris

29-05-2019

Para A.

La vida es más divertida cuando te suceden cosas. Y no me refiero a eventos memorables como ganar el premio mayor de la lotería. Hablo de esas circunstancias que en su momento sacan lo peor de ti, pero que horas o días después, y con un puñado de humor, las cuentas provocando carcajadas a un grupo exigente de personas. Mi amigo A voló a Tijuana este fin de semana por Volaris. Si el vuelo hubiera salido a tiempo, si no lo hubieran sobrevendido, si el trato hacia los pasajeros hubiera sido el adecuado, entre otras setecientas cosas, la anécdota se hubiera resumido en un aburrido renglón: Volé por Volaris a Tijuana. Y obvio, ni siquiera habría salido a colación en la cena de los cuates del viernes. ¿Quién desea oír sobre experiencias monótonas? Ya suficiente tiene la vida de rutinaria para además echar a perder una reunión con boberías. Por suerte, a mi amigo le sucedieron cosas, sobrevendieron el vuelo, perdió su reservación y su lugar en la fila, le gritó a sus hijas en frente de una mujer oriental formada detrás de él, las hijas volaron sin padre, la maleta se perdió durante un lapso de tiempo estresante, tomó el monorriel para cambiar de terminal y poder viajar en Aeroméxico, al llegar se le atravesó un individuo a la fila que iba a pagar sobrepeso, los minutos avanzaron y perdió el vuelo, de vuelta al monorriel, al trato con Volaris, al gentío, a la injusticia, a toparse con la misma mujer oriental, antes de abordar se entera que trae la visa de su hija y no la dejan cruzar la frontera, las hijas varadas en un limbo del aeropuerto, no las dejan ni salir a pasear por Tijuana, les ofrecen un asiento en el piso a falta de sillas. Ya lo sé, me falta simpatía para contar la anécdota. A mi amigo le sobra. Solo me resta darle las gracias a Volaris por habernos hecho pasar una velada tan inolvidable. De todo corazón, gracias Volaris.




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Cuerpo amorfo

22-05-2019

Me duele desde la punta del dedo chiquito del pie hasta el cráneo. Siento contraídos músculos que no sabía que existían. Me arden los ojos y solo quiero recostar la cabeza en la almohada y dormitar como oso en hibernación. Esto es el resultado de siete horas de brincos, bailes y sacudidas de cabello. 420 minutos de no parar de cantar ni abandonar la pista. Y es que no fue mi culpa, si no del DJ que contratamos para la fiesta de 50 del Barón. Me dan ganas de llamarle y pedirle que me pague la consulta del quiropráctico. Mínimo, diría yo. Unas cosas por otras. Yo bailé su música con toda la energía posible. Ahora le toca a él dar de su parte y contribuir a que mi cuerpo regrese a la normalidad. Quizá también fue culpa del barman y de los gins de frutos rojos que preparó. O de los invitados, porque hay celebraciones que no prenden. Te la pasas bien pero no le entregas tu alma a la fiesta. Así que al otro día caminas normal y no como si hubieras corrido un maratón. Sí, ellos también tienen la culpa. Su argumento es que nos quieren mucho y por eso las muestras de cariño a través del baile y las risas. Pero yo tengo mis dudas. Para mí que aprovecharon la barra libre de alcohol, los tacos, las quesadillas, los helados, las ensaladas y les valió un pepino si en los días consecuentes mi cuerpo se convertía en una figura de cera amorfa. Se me ocurre poner una alcancía y que cada quien coopere con lo que crea proporcional a cómo se divirtió. Buenísima idea. Seguro que con eso tengo para pagar el doctor, los relajantes musculares y el sobrante, lo ahorro para la fiesta de 60 años. Solo espero que en 10 años mi cuerpo ya se haya recuperado.